martes, 2 de marzo de 2010

PINTURA PROBLEMATIZANTE O MENTE QUE CAUSA PROBLEMAS. JO BAER.



Primary Light Group: Red, Green Blue, de Jo Baer, 1969.


¿De qué manera podemos comprender a una obra que a nuestros ojos se nos presenta como completamente inaccesible? Esta es una de la problemáticas que constantemente circulan entre aquellos deseosos de comprender una obra de arte, sin importar que se trate de una persona entendida en los diversos lenguajes que presenta el arte y desea establecer un diálogo con aquello que encuentra en un museo, una galería o un libro, o alguien completamente neófito y que únicamente busca el placer de la contemplación de algo llamado pintura, escultura, fotografía, etc. Me gustaría ejemplificar tal problemática a través de la experiencia personal frente a una obra pictórica que en un principio se entiende como problematizante.

En un principio, intentar traspasar la superficie de una pintura, en éste caso específico, exige un ejercicio hermenéutico, o sea, de interpretación. No sólo de una interpretación unívoca, sino de diferentes tipos de interpretaciones mediante las cuales podemos aproximarnos a la obra. Y dentro de tal ejercicio interpretativo, debemos intentar conocer de donde proviene la obra, cual es el contexto en el cual fue creada, para intentar interactuar desde nuestro contexto con el de la obra y quien la realiza. Me referiré concretamente a la obra Primary Light Group: Red, Green Blue, de la artista estadounidense Jo Baer. Se trata de un tríptico de dimensiones variables, donde cada panel tiene dimensiones de 153 x 153 cm. Cada uno está pintado de color blanco y tiene una estrecha banda negra que marca el perímetro físico del lienzo e inmediatamente un borde interior aun más estrecho que separa el blanco de su margen negro. Claramente podríamos situar tal pieza dentro de la más correcta tradición minimalista por el énfasis en la geometría del formato elegido, la repetición seriada, los colores planos y los bordes marcados de manera por demás limpia, lo cual permite volver a situarla con mayor especificidad dentro de la Hard-Edge Painting de finales de los 60 y principios de los 70, la cual se caracterizaba, entre otras cosas, por las transiciones abruptas entre un color y otro, los bordes duros justamente.

Aquí podemos establecer una línea de aproximación a través de los elementos que Baer nos brinda de primera mano: el título. Éste hace referencia a los tres colores primarios del espectro lumínico visual, rojo, verde y azul. Podríamos suponer que tras de éstas pinturas se encuentra una intención de hacer patente el fenómeno físico de la luz percibida por el ojo y denotar las preocupaciones sobre la física, la óptica y la biología que la artista investigó durante una primera formación científica (cosa que sería difícil adivinar dentro de la generalidad si no tuviésemos la preocupación por investigar un poco sobre los orígenes de la autora).

El hecho importante es el ¿porqué me crea problemas de lectura ésta obra?, y la clave está en el concepto personal de pintura, cómo la entendemos y como nos aproximamos a ella. Por ejemplo, si existe una aproximación personal a lo pictórico desde las cualidades matéricas de la obra es innegable que existirá un conflicto, pues, en mi caso, las cualidades tan lisas y la factura tan aséptica que Jo Baer utiliza chocan de una manera especialmente fuerte en mi, que me encuentro acostumbrado a encontrar una carga expresiva a través de las texturas de los materiales, del color, de los procesos técnicos.

Sin embargo, si volvemos a situarnos en el ejercicio hermenéutico podríamos acudir a lo que Hans Georg Gadamer menciona como “entendernos en la obra”; esto es, intentar situarnos en el contexto en que Baer la creó y, si es posible, entender los orígenes o la tradición histórica en donde ella se sitúa. Aquí cabe mencionar que luego de una sólida formación como psicóloga y científica, Baer comenzó su camino en la pintura situándose dentro de la última cauda del Expresionismo Abstracto, haciendo alusiones a los artistas pertenecientes a la “primera fase” de éste movimiento y luego reduciendo poco a poco los componentes matéricos y compositivos de su pintura hasta lograr obras como la referida. Éste tipo de pintura reduccionista, significa sólo una fase dentro del amplio trabajo de la pintora, el cual continua hasta nuestros días.

Teniendo tales referentes, no podemos esperar entender éste trabajo particular de Jo Baer como ella lo concibió y entendió, pues se halla insertado en una temporalidad distinta a la nuestra, respondió a una historia específica y a un momento específico de modo que no puede funcionar ni responder a la manera en como concebimos el mundo, como lo vemos actualmente, sobre todo desde un punto de vista muy pesonal. Si acaso podemos intentar aproximar ambos horizontes y lograr una conciliación, sin que por ello esté implicado que logremos entender completamente el discurso de la autora o inclusive que llegue a gustarnos.

Descubrir que tenemos problemas al confrontarnos con cierto tipo de obra implica hacer consciente una nuestra problemática personal para con lenguajes particulares del arte, pues no existe un solo camino por el cual podemos lograr la comprensión total de la obra y ni si quiera podemos pretender que una obra pueda ser comprendida totalmente pues ella misma nos debe cuestionar cada vez que nos hallamos frente a frente, esto con la finalidad de descubrir nuevos senderos mediante los cuales podamos acceder. Así podemos establecer una analogía de la pintura con una puerta que permanece abierta. Nosotros somos quienes la cerramos o la mantenemos abierta de acuerdo a los prejuicios que conlleva nuestra formación, entendiendo prejuicios como todo aquello que viene previo a la confrontación con una persona, objeto, evento, etc. y que nos impide llegar con la mente en blanco, con ojos inocentes hacia lo que nos aproximamos. Dentro de estas cuestiones, una obra de arte no podría provocarnos problemas por sí misma, nosotros somos quienes le conferimos problemáticas personales sin siquiera saber la verdadera intención del autor al momento de crearla. El ejercicio más difícil implica el liberarnos de las barreras que dificultan nuestro acercamiento con una obra de arte, un ejercicio introspectivo que debe entenderse como continuo, sobre todo si se trata, como en nuestro caso, de personas que estamos dentro del mundo del arte y deseamos lograr una mayor compresión del mismo.


Victor Serrano Orozco.

jueves, 11 de febrero de 2010

Análisis de Obra. Tríptico Elia.


Elia Andrade Olea. EL-TRÁNSITO-ELLA. Óleo / Madera. 150 x 450 cm.


Hablar de una obra como crítico, como espectador, como artista, como ser ajeno a la creación de la misma, implica hacer un esfuerzo por adentrarse en la mente de quien la creó y entender sus procesos, para establecer una lectura lo más fielmente posible al espíritu que el autor le imbuyó. Un esfuerzo mayor implica el descifrar los códigos insertados en una obra planteada como un tríptico, en la cual cada pieza funciona por si misma y a la vez establece una narrativa en su conjunto.

Podemos establecer un discurso desde elementos tan formales como las dimensiones, el color o la materia, hasta cuestiones muy subjetivas como la simbología del color o la psicología de los personajes – si es que los hay- que integran al cuadro.

En éste caso, hablar desde una perspectiva psicológica y simbólica en la obra de Elia Andrade Olea resulta muy acertado, pues a través de los personajes y elementos zoológicos nos es posible dilucidar las historias encerradas dentro del cuadro. La obra a la que me refiero es un tríptico, cuyos paneles tienen unas dimensiones de 1.50 m. cada uno. En ellos aparecen dos personajes, uno femenino y otro masculino, los cuales, en ambos extremos del tríptico se hallan divididos por una escena de un túnel cuyos efectos lumínicos claramente aluden al paso veloz de un tren subterráneo. A primera vista podría parecer que existe una trama sencilla de entender, dos personas en tránsito gracias a un medio de transporte masivo. Sin embargo, Elia no se detiene en una lectura superficial, sino que profundiza añadiendo elementos que de primera intención trastocan la idea de lo que es e inclusive pueden llegar a causar desconcierto en el espectador: ¿Qué hacen unos peces japoneses flotando como espectros sobre cada panel de ésta obra?, ¿Cuál es su razón de ser y de que manera interactúan para armar el discurso que nos revelaría la unión de elementos tan dispares?

No se trata de peces sólidos, pues como mencionaba, juegan transparentes, flotando sobre los rostros y el túnel. Nadan en agua, sin encontrarse en agua realmente. La propia cualidad diáfana de éstos animales nos remite a una especie de movimiento que a todas luces se contrapone con la velocidad representada a través de los efectos lumínicos que aparecen en todo el tríptico.

Aquí cabría mencionar que Elia parece querer establecer un discurso ligado al movimiento y a la temporalidad – si es que esto no resulta ya obvio – pero no es un mismo movimiento ni una misma temporalidad para toda la composición. Elia crea una sintaxis muy particular a través de los diversos componentes de los cuadros. Nos hace recordar que a pesar de viajar a grandes velocidades, nos mantenemos estáticos dentro del medio en que nos movemos. Que si bien un tren o un metro resultan medios de transporte masivos, es innegable el anonimato de los pasajeros de cada vagón, que, estando estáticos en sus asientos, se mueven velozmente, ensimismados ante una lectura, un sueño, una música o ante los paisajes que cuadro por cuadro, cual si fuera un cinematógrafo, se suceden ante nuestros ojos, dejando una impronta en nuestro cerebro muy difícil de repetir.

Es justamente éste contrapunto de movimientos lo que hace interesante a la pieza en su totalidad. Los peces por si mismos aluden al elemento acuático que tiene un comportamiento tan particular como cualquier otro elemento de la naturaleza, y así, dentro de la particularidad de tal comportamiento, el agua posee una carga expresiva, simbólica y psicológica. Habla de la memoria y de las emociones. El agua, como cualquier líquido, es maleable, se adapta a su contenedor, pero también, si quiere y si se la deja, es capaz de excavar a través de la piedra, de hallar un camino que la saque de su prisión y ser tan destructora como creadora. Las reminiscencias acuáticas se superponen a lo industrial, a lo veloz de progreso tecnológico, lo cual puede poseer una connotación masculina, opuesta a la innegable feminidad del agua y que, a la vez, armoniza con aquella velocidad, otorgándonos un momento de contemplación y descanso entre continuo bombardeo de imágenes que se suceden a través de las ventanas del tren.

En éste ir y venir de contraposiciones y armonías se mueven los personajes de Elia. No sabemos si viajan juntos o cada quien por su cuenta, si se hallan en el mismo vagón o vagones separados, inclusive si viajan al mismo lugar o en direcciones opuestas. Sin embargo esto no parece ser lo más importante del discurso de la pintora. Son más destacables los recursos de los que ella se vale para lograr conferir una profundidad narrativa a su obra, la cual hace eco a la narrativa poética que realiza Wong Kar-wai, quien, cabe mencionar, es una de las fuentes del imaginario para la creación de éstas obras.

El tríptico invita al espectador a querer adentrarse en el y lograr comprender, aunque sea una mínima parte, lo que trata de comunicarnos, más allá de caer el lo efectista, de sólo leerlo a través del color o la factura. Las miradas y actitudes del hombre y la mujer dicen más de lo que aparentan y ofrecen la posibilidad de crear una historia, de adueñarnos del cuadro y no cerrarnos a una sola posibilidad de lectura. Y aún así siempre queda un dejo de duda, una semilla que invita nuevamente a cuestionarnos ¿Por qué todos éstos elementos existen dentro de éste espacio?, ¿Qué es lo que nos tratan de decir?.

Victor Serrano Orozco.

domingo, 31 de enero de 2010

Nuevas obras II



Sin título. Óleo / Tela. 100 x 100 cm. 2010.




Sin título. Óleo / Tela. 70 x 90 cm. 2010.


"Luz y Tempestad". Mixta / Papel. 50 x 70 cm. 2010.

sábado, 30 de enero de 2010

Obra en Papel



Sin título. Pastel / Papel. 28 x 38 cm. 2010.


"Costa Atlántica I". Acuarela y pastel / Papel. 35 x 49.5 cm. 2010.


"Costa Atlántica II". Acuarela y pastel / Papel. 35.5 x 54 cm. 2010.

miércoles, 27 de enero de 2010

Nuevas obras



En proceso...


Otra en proceso...


"Donde el cielo se une con el mar". Óleo / Tela. 110 x 130 cm. 2009.


"Las nubes sobre el mar". Óleo / Tela. 120 x 140 cm. 2009.